No admitiré haber dicho ésto ni bajo tortura, pero empiezo a estar ligeramente cansada del monopolio que de un tiempo a esta parte, parecen ejercer los interiores nórdicos. Blanco, negro, y como mucho, madera, así que cada vez que veo proyectos donde hay espacio para un color en toda su gama, y con detalles que lo lo hacen personal, no puedo evitar prestar bastante atención. Es el caso de The Standard, un restaurante y club de jazz, situado, cuirosamente, en Copenhague (aunque también tenemos escandinavos en Valencia), y en cuyo rediseño hay manos italianas. (vía)