Hay casas donde no hay ni rastro de plantas y otras que hacen de ellas parte de la vida de la vivienda. Éste podría ser un ejemplo extremo del segundo caso, ya que en este piso de Estocolmo, es el verde quien juega un papel fundamental en el interiorismo de un espacio sin estridencias, que lo apuesta todo a la (efectiva y sencilla) mezcla de blanco y madera. Por cierto, la habitación, aunque preciosa, no parece nada recomendable para dormir, ya que tan pocos metros son incompatibles con tanta vida verde. vía